La bendición

        Hace unos días escuché un micro en donde Maite Delgado conversaba con su papá acerca de la bendición. Ellos allí comentaban cómo se manejaba ese asunto hace ya algunos años, cuando Maite era una niña. Se habló de cómo hacer para que nuestros hijos se acostumbren a pedirnos la bendición, tarea que les corresponde a los padres como parte de la educación inicial que se da en la casa. Fácil, usted simplemente le dice a su hijo: “pídale la bendición a su abuelo”

         Yo creo que es importante lograr esto con nuestros hijos, cuando los niños reciben el regalo de la bendición de nuestra parte tienen un buen comienzo espiritual y emocional en la vida.

Realmente se ha perdido un poco esa costumbre, pero no de un todo, gracias a Dios. Todavía hay personas que enseñan a sus hijos a pedir la bendición a sus familiares mayores y hay quienes les desean la bendición inclusive a sus amigos. Ahora, ¿qué es la bendición? Cuando nosotros éramos pequeños nos enseñaron a pedirles la bendición a nuestros padres, tíos, abuelos y padrinos, pero nunca nos dijeron porqué había que hacerlo. La bendición es vida, fecundidad, prosperidad y protección, en todo caso la bendición encierra sólo buenos deseos. ¿Quién puede bendecir? Sólo Dios puede hacerlo, por eso cuando un niño le pide la bendición a su mamá, ésta le responde: “Que Dios te bendiga”

         ¿De dónde viene la costumbre de bendecir? Revisando la Biblia podemos darnos cuenta que es un mandato de Dios mismo. En el libro “Números” podemos leer lo siguiente: 6:22 Jehová habló a Moisés, diciendo:

6:23 Habla a Aarón y a sus hijos y diles: Así bendeciréis a los hijos de Israel, diciéndoles:

6:24 Jehová te bendiga, y te guarde;

6:25 Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia;

6:26 Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz.

6:27 Y pondrán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo los bendeciré.

        Acostumbrémonos a bendecir,  ya que cuando bendecimos a alguien también atraemos el favor de Dios hacia nosotros. Si repartimos bendiciones a donde vayamos, ellas volverán a nosotros cuando menos lo esperemos. Al bendecir, se otorga vida, no sólo al que recibe la bendición, sino también al que la da. Al bendecirte, me bendigo a mí mismo. Por eso, te deseo, de todo corazón, que Jehová te bendiga.

Mis mejores deseos

Hoy, mis mejores deseos para todos. Yo sé que Dios nos depara un buen futuro y que mañana nos permitirá estar tranquilos en una vida ideal, como la que él deseó para nosotros, un mundo sin maldad, sin traiciones, sin violencia, sin muerte, lleno de amor, de paz y buen corazón. Yo sé que no soy digno de eso pero una palabra de Dios bastará para sanarme. La fe es lo único que nos sostiene en los momentos más difíciles que nos toca vivir. Cada uno de nosotros puede en este momento llevar sus pensamientos a uno de esos instantes en los que en solitario, como hacía Jesús, trataba de hacer contacto con Dios para que le hiciera realidad sus peticiones. Yo por mi parte, siempre tengo en mi mente el tiempo en que Yatzury, mi hija mayor, se encontraba en una cama de hospital víctima de un shock séptico. Siempre encontraba un lugar y un momento para pedir a Dios por su vida, no era algo fácil, nueve de cada diez personas mueren por este mal, tampoco es fácil salir sin secuelas, pero les puedo asegurar que yo sé que Dios me escuchó, yo sé que pude conectarme con él y después de 15 días mi hija estaba sana, como si nada... Por eso mi gran fe. Tengamos fe... Dios nos escuchará... Que disfruten todos de estos momentos en compañía de su familia y que el próximo año venga cargado de momentos de felicidad. Que Dios los bendiga... Héctor Montero

Padre

Protector, proveedor, guía, maestro

      Siempre es placentero comenzar de nuevo una actividad que nos gusta, sobre todo cuando sentimos que lo que hacemos le puede servir a los demás. Mi motivación: la necesidad de mostrar algunos de los problemas por los que atraviesan los niños en su vida diaria, situaciones que conmueven y preocupan, como los niños que van a su escuelita, sólo con la compañía de su ángel de la guarda, los lamentos de los alumnos que son maltratados por sus padres o los de los niños que sufren la muerte de un familiar o amigo. Es importante llamar la atención para que todos reflexionemos acerca de nuestro papel en el logro de uno de los objetivos de esta página: El bienestar del niño

  

    Una de las personas que debe garantizar este bienestar en el niño es el padre, pero resulta que un buen día amanecemos con este “título” en nuestras manos, el de “Padre”. El mismo nos indica que de ahora en adelante no sólo seremos responsables de nosotros mismos sino también de un nuevo ser: nuestro hijo. A partir de ahora tendremos el inmenso compromiso de alimentarlo, de enseñarlo, de guiarlo, de convertirlo en un ciudadano con capacidad de tomar decisiones y de resolver problemas.

 

    Aún cuando no hemos ganado este título en una carrera universitaria, tenemos algo a nuestro favor que es, precisamente, el haber sido o ser hijos. Esta experiencia no se puede desestimar cuando criamos a nuestros muchachos. Esta puede ser una de las claves para llegar a ser buenos padres y buenas madres.

    Nunca dejamos de aprender porque nunca dejamos de ser hijos. He aquí lo complicado del asunto, como dice la filósofa Victoria Camps: “La tarea de educar exige una auto-educación permanente”. No es fácil reaccionar de una manera precisa y justa cuando se trata de los niños, pero si, antes de tomar una decisión, dedicamos unos minutos para trasladarnos mentalmente a nuestra infancia y recordar nuestros miedos, nuestras alegrías, nuestras frustraciones, nuestros deseos, de seguro vamos a resolver satisfactoriamente muchos de los problemas que se presentan en casa. Lo importante de todo esto es que podamos reflexionar en cuanto a nuestro papel, como padres, como adultos, en la protección, preparación y desarrollo de los niños para que mañana sean unos ciudadanos de bien y productivos

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