Como hermanos

A veces da la impresión de que las cosas nos gustan o las queremos por lo que parecen y no por lo que son. Hay personas que cuando ven una planta natural, dicen: “Qué linda, parece artificial” y cuando ven una planta artificial dicen: “Qué impresionante, parece natural” Así mismo pasa en el caso de algunas relaciones, por ejemplo, para decir que unos amigos son más que simple amigos la gente dice que son como hermanos y para decir que unos hermanos se la llevan muy bien dicen que se tratan como unos amigos. Parece que hubiera una inconformidad con lo que se tiene, y se trata de ver como “mejor” aquello que no nos pertenece.

Hay niños y adolescentes que pierden la oportunidad de compartir más tiempo y actividades con sus padres y hermanos, porque prefieren estar todo el día con sus amigos o frecuentar otras familias. Estos chicos son de los que en casa ajena pintan, lavan el patio, al perro, friegan, le dan comida a un bebé, pero en su casa no mueven un dedo. Toleran de los amigos cualquier cosa, hasta un grito, una grosería, pero de un hermano nada. Evitan las disputas, prohibido pelear con el amigo; con el hermano cualquier motivo es bueno para pegarse un grito o un golpe y decirse hasta “del mal que van a morir”. Pero nosotros como padres, los adultos de la casa, los que en alguna oportunidad fuimos niños y se supone que somos los que tenemos más experiencia, tenemos que canalizar esta conducta en nuestros hijos. Es nuestro deber que ellos (hermanos) aprendan desde pequeños, a mantener una buena relación entre sí, que logren comunicarse, que hablen el mismo “idioma”, que se quieran y se respeten, que aprendan a ser cómplices y a defenderse de los demás. La amistad es bonita y es bueno cultivarla, pero tenemos que recordar que pudiera ser tan temporal como un año escolar. Hoy tenemos un amigo, mañana no sabemos; pero un hermano siempre será nuestro hermano.

Las discusiones son frecuentes y naturales entre hermanos, en este tipo de relaciones se producen diversos sentimientos que van del amor al odio y se manifiestan con abrazos, mordiscos, besos, empujones, caricias o insultos. Nosotros desearíamos que nuestros hijos siempre tuvieran una actitud amable entre ellos, pero debemos aceptar que la hostilidad es algo normal en su interacción, si no, recordemos cómo nos llevábamos con nuestros hermanos cuando éramos pequeños o cómo se llevaba nuestro amigo con los suyos. Cuando los hermanitos pelean mucho, que no se pueden dejar solos ni un rato, se deben emplear estrategias como la de enseñarlos a amarse que es lo mismo que enseñarlos a respetarse o se les puede aplicar la estrategia del premio, se les dice: “si se portan bien, y no pelean, les voy a traer una chuchería”, por ejemplo. O se les promete algo que ellos quieran, así ellos mismos se van exigiendo un buen comportamiento y crean en casa un ambiente más agradable y cordial.

Muchas veces los adultos son los que originan sentimientos como el rencor y la rivalidad entre los hermanos al compararlos o etiquetarlos: “Juan es el más llorón” “María es más bonita que Petra” “Liliana es más glotona, por eso es más gorda y la otra parece una miss” “Julián es feo, peleón y malo, pero José es bonito y tan buen estudiante” Estos calificativos hacen que los familiares y amigos, a la larga, tengan preferencia por uno de los hermanos, y tienden a rechazar al otro. El preferido recibe los elogios, los premios, los regalos mientras que el otro va acumulando motivos para no querer a su hermano. Siempre sale alguien con un comentario que discrimina a uno de los hijos, pero nosotros como padres tenemos que responder rápidamente resaltando las cosas buenas que tiene el otro, para así neutralizar los comentarios de los “mal intencionados” Debemos aceptar e inculcarles que cada uno tiene sus características positivas y sus facetas a mejorar, y así evitaremos los sentimientos de inferioridad y superioridad. Para evitar que alguno de los hijos sienta que se tiene preferencia por el otro, es recomendable que le demos a todos las mismas condiciones de convivencia dentro y fuera del hogar, por ejemplo: si uno de los hermanos tiene permiso para salir a una fiesta el otro también debe tenerlo, si a uno lo obligan a realizar un tipo de tarea al otro también se le debe exigir que la haga. Esto pasa mucho, sobre todo, cuando se tienen hijos de diferentes sexos. Suceden cosas como éstas: Al varón se le permite tener novia, a la chica no, a la chica se le exige que limpie la mesa y lave los platos, al varón no. Estas diferencias siempre llenan de problemas la casa, que deben ser manejados con prudencia por los padres, para no afectar la estima de los niños y la armonía del hogar.

Procuremos que nuestros hijos mantengan un buen trato entre sí, desde pequeños, para que mañana, cuando sean adultos, cuenten los unos con los otros. Eso es lo bueno de tener hermanos.

 

Héctor Montero