Escuchar a los niños

Es conveniente que, tanto en la escuela como en la casa, escuchemos a los niños cuando tienen un problema. Si actuamos de una manera justa e imparcial, podemos solucionar cada situación que los niños tengan con sus compañeros y hermanos. La escuela es un mundo lleno de conflictos, y nosotros con nuestra experiencia podemos orientar a los muchachos para que logren una mejor convivencia.

Existen diferentes casos en los que los padres y maestros actúan de una manera injusta con los niños, sólo por no tomarse un momento para escucharlos y saber cuales son sus razones.

 

 

Niños rebeldes

 

“David” es un niño que tiene cierto problema de conducta, según los mayores que lo rodean. De vez en cuando podemos verlo peleándose con los compañeros y la maestra está que no sabe qué hacer con él, cuando no está agarrado con uno, está con el otro. En estos días estaba peleándose con “Javier” y “Pedro”, dos compañeros de clases. Llegó la maestra y le formó un buen lío, le citó el representante y lo castigó. Él lloraba mientras observaba unas barajitas que tenía en sus manos. Yo llegué a su lado, con la intención de conocer que había sucedido, y quiso rechazarme dándome un empujón. Le hablé suavemente para darle a entender que no quería agredirlo, sino ayudarlo. ¿Qué pasó “David”? le pregunté. Me dijo que dos niños le habían quitado unas barajitas. Escuché toda su versión y llegué a la conclusión de que él no era culpable de lo que había sucedido. Resulta que sus compañeros, aprovechándose de su “marca” de niño “mala conducta”, lo molestan siempre y él lo que hace es reaccionar a la constante ofensiva. Después de contar las barajitas y darnos cuenta de que ya le habían devuelto las sustraídas, la maestra y yo, quedamos en que hablaríamos con los otros niños para que dejaran de molestar a “David” y así lograr armonía en las clases de esta sección de sexto grado.

Esto que acabo de relatar es algo real que ocurre todos los días, en las escuelas y en el hogar. Cuando vemos a un niño que reacciona violentamente ante sus hermanos o compañeros de clases o de juegos, debemos tratar de identificar la causa que origina esta acción, porque generalmente castigamos al que vemos golpeando o simplemente rechazando al otro, pero no sabemos qué fue lo que originó la acción. Es posible que todo se haya originado por el afán de uno de los niños de mantener el liderazgo en el juego o la clase, de una manera arbitraria y abusiva, y el otro lo que estaba haciendo era defendiéndose, dando a conocer su punto de vista o dándose a respetar, y nosotros, que nos las sabemos todas más una... ¡¡¡zaz!!! vamos y reprendemos al más “tonto”. Seguramente, esto le recuerde un encontronazo que sostuvieron ayer sus hijos, y que usted, no queriendo pecar de injusto, no supo qué hacer. No se preocupe, esto nos pasa, como dije anteriormente, todos los días. Lo importante de este asunto, es saber cuál es la razón principal de las peleas y discusiones entre hermanos o amigos y detectar quién es el que gusta de encender el ambiente.

Si en vez de reprender al que ocasiona las disputas lo hacemos con el otro, éste, luego de tantas situaciones injustas, que le causan frustraciones y cierta impotencia se puede convertir en un niño rebelde, agresivo y desobediente. Debemos tratar de ser lo más justo posible cuando intervenimos en las peleas de los niños. Y hablar, hablar y hablar.

 

Héctor Montero