Las Caricias

    Hace unos cuantos años, en la universidad cursé una asignatura en la que el profesor nos habló de las caricias. No era algo nuevo para nosotros, pero puedo asegurar que me quedó mucho de aquellas clases, porque para no ser un tema nuevo, nos dimos cuenta de que teníamos mucho que aprender en esa materia. Nos habló acerca de las caricias físicas y de las palabras que acarician, de lo que sintió cuando abrazó a su papá por primera vez, ya muy viejo, en su lecho de enfermo. Nos comentó que la gente de “antes” evitaba acariciar a sus hijos y por eso a muchas personas ahora les cuesta mucho abrazar y acariciar a sus padres, hermanos, hijos o cualquier otra persona. De igual manera sienten cierto rechazo cuando alguien trata de tener un contacto físico con ellas.

    Por eso debemos tomar en cuenta que las caricias son importantes para nuestros hijos, desde el momento de su nacimiento. Ellos necesitan acostumbrarse a la cuna, al aumento de su capacidad para moverse y oír, a las nuevas posibilidades de todos sus sentidos, pero, sobre todo, tienen una profunda necesidad de ser amados, de recibir caricias. Sin leche o sin amor el niño moriría. Su apetito debe ser saciado cada vez que lo hace llorar, pero también debe ser cargado, mecido, arrullado, tocado, masajeado, para hacerlo sentir querido y aceptado. Se ha comprobado que aquellos niños que son cargados y acariciados tienen un mayor porcentaje de crecimiento cerebral, que los que no lo son; se vuelven más receptivos a su ambiente; se muestran más alertas ante lo que sucede a su alrededor; inician más precozmente sus respuestas a los estímulos; aumenta su sentimiento de seguridad; adquieren conocimiento acerca de las diferentes partes de sí mismo al ser tocado, porque al empezar la vida, tú bebé no sabe cómo es y hasta donde se extiende su cuerpo.

    La vía más importante pata transmitir amor es el contacto físico. No es suficiente decir que los queremos, es necesario que el niño sepa que es querido, por eso debemos dedicarles tiempo y acostumbrarlos a nuestro contacto para que mañana no nos rechacen. Se conocen casos de adolescentes que están muy alejados de sus padres, tanto que parecen unos verdaderos extraños viviendo bajo el mismo techo. Seguramente esos padres aman a sus hijos pero, simplemente, se dieron cuenta de que “el niño” dejó de ser un bebé al que abrazamos y besamos a cada rato, ya no lo lleva en brazos hasta su cama ni lo acurruca para hacerlo dormir. Se distanciaron lo besos y abrazos a medida que aumentaron otro tipo de exigencias escolares o familiares.

Si bien es absolutamente natural que ya no los besemos todo el día, debemos proponernos no perder nunca el hábito de relacionarnos físicamente con los hijos. Existen muchos momentos en el día que podemos aprovechar para ese contacto tan importante: Un beso de despedida al dejarlos en el colegio; un beso al recibirlos; un abrazo fuerte a la hora de felicitarlos por sus logros. Una caricia en la cabeza en cualquier momento del día no sobra ni malcría a nadie. Pero las caricias no sólo son físicas, también se acaricia con la palabra. Estar siempre dispuesto a decirle al niño cosas agradables, es importante. Debemos resaltar sus cualidades y virtudes para que él asuma una actitud positiva ante los demás. “Te queda bien esa ropa” “Qué lindo tu pelo” “esa boleta si esta bonita, que inteligente eres” “Te quiero” Son muchas las cosas que podemos decirles, pues son muchas las cosas que él quiere escuchar.

 

Héctor Montero

 

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