Ríe y tú verás

    Uno de los sonidos más agradables que he escuchado en toda mi vida es la risa de un niño. Cuando un niño ríe, el ambiente se llena de alegría y de felicidad. Yo disfruto mucho cuando veo a mis hijas reírse viendo sus programas favoritos y cuando veo las caritas alegres de mis alumnos al tomarnos un momento de la clase sólo para reírnos. Me gusta crear ese clima en el que cualquier cosa puede hacerlos reír. Durante muchos años he utilizado el humor como recurso para lograr mis objetivos tanto en el hogar como en la escuela. He notado que, con esta actitud, al lograr simpatía me es más fácil transmitir mis conocimientos y los niños se sienten en capacidad de aprender más rápido lo que les quiero enseñar. Eso lo aprendí de algunos de mis profesores que tuve la suerte de encontrar en el liceo.

    En la casa, muchas veces, nos vemos en la necesidad de enseñar a nuestros hijos a leer o a realizar operaciones matemáticas sencillas. Esto puede ser traumático para algunos padres que además de trabajar en la calle tienen que llegar a sus casas a revisar las tareas de sus hijos, a tomarles la lectura y a corregirles sumas y multiplicaciones que el niño, simplemente, no entiende porque no sabe de donde salen esos números. El padre y el niño se sientan en la mesa en medio de un ambiente bien cargado, pesado, en donde cualquier cosa puede pasar. Imagine usted el caso, el padre o la madre de mal humor y el niño, nervioso por lo que pueda ocurrir, se cierra mentalmente y no entiende nada. Este es el momento preciso en el que usted debe contar hasta diez y sacar a flote su yo niño. ¿Recuerda cómo se sentía cuando su papá o su mamá se sentaban a enseñarlo a leer o a sacar cuentas? ¿Cómo era el ambiente? ¿Agradable o tenso? Usted tiene la oportunidad de entablar una buena comunicación con su niño enseñándole de una manera agradable los números y las letras. Juegue con él, eche broma con las palabras. Si está de buen humor su hijo tendrá mejor disposición al aprendizaje.

    Uno de los papeles que aceptamos cuando decidimos asumir la paternidad es el de la dirección, nosotros somos los directores de nuestro hogar. Como directores debemos propiciar momentos en los cuales el humor sea la manera de comunicarse. Si usted tiene la dicha de comer en familia, al terminar no se pare de inmediato, quédese en la mesa disfrutando, como los grandes emperadores, de un momento de risa. Dicen que la risa es un estimulante de la digestión y una buena excusa para mantener una relación. Tenga a mano un buen repertorio de chistes o de experiencias graciosas y comience una conversación con su familia, esto ayuda a respirar un mejor ambiente en la casa.

    Cada hogar tiene sus propios problemas, pero no podemos dejar que las dificultades nos arropen eliminando las posibilidades de ver las cosas positivas que tenemos como familia. Si sabemos manejar nuestros “rollos” les podremos regalar a nuestros hijos un hogar en el cual se sientan cómodos y seguros, así querrán permanecer siempre dentro de él y no tendrán que buscar estímulos fuera de la casa. Debemos lograr la armonía en el hogar y muchas veces eso se logra con humor.

    Tener humor es reír a pesar de todo. El humor se puede considerar un rasgo de madurez porque nos ayuda a soportar la diferencia entre lo que deseamos o lo “ideal” y lo que realmente existe. Además nos ayuda a responder positivamente a la vida y a las personas, disculpándolos por sus deficiencias.

    “A fin de cuenta todo es un chiste” Charles Chaplin “Charlot”

 

 

Héctor Montero