… Una casa bella

Mi hija, la menor, es muy productiva en eso de inventar historias. Desde pequeña, sin saber escribir ni leer ya tenía sus propios cuentos. Recuerdo que en una ocasión me dijo que Dios le había mostrado una computadora en donde ella vio varias casas, varias familias, entonces me vio, vio a su mamá, a sus futuras hermanas, y al darse cuenta de cómo éramos nosotros, decidió escogernos para formar parte de nuestro hogar, o sea, que ella había escogido a su familia. Yaraury siempre tenía ese tipo de salidas. Esa sobre todo me llamó mucho la atención porque, de la manera como lo dijo, me hizo pensar que eso podía ser así.

Realmente no sabemos si antes de nacer elegimos a nuestra familia, lo que sí es cierto es que nosotros, ya de adultos, tenemos que elegir la actitud que vamos a asumir para hacer de nuestro hogar un lugar adecuado para el bienestar y para la educación de nuestros hijos. Esa actitud la podemos asumir desde el mismo momento en que nos decidimos a tener pareja, a casarnos, a tener una casa, a tener hijos, ya sabremos en qué momento la asumiremos, lo importante es que a esos pequeños seres que llegan a darnos compañía, les podamos brindar las condiciones necesarias para que se desarrollen como unos ciudadanos de bien, y puedan disfrutar de todos los derechos que les corresponden.

El mejor regalo que les podemos brindar a nuestros hijos es la familia. La misma se desarrolla en un espacio que, generalmente, se le llama hogar, el cual debe contar con amor y la bendición de Dios. Pero hablar de hogar no es hablar simplemente de un lugar, es hablar, además, de un ambiente en donde se puede sentir paz, armonía, comprensión, tolerancia, respeto, consideración y hay negociación para que puedan actuar tranquilamente todos sus miembros con igualdad de condiciones, siempre tomando en consideración que debe haber una guía, una cabeza, una dirección. No se puede dejar todo a la suerte, debemos empeñarnos en que esto sea así y poner de nuestra parte. Debemos recordar que comenzar una familia es como comenzar una empresa y lo que queremos de ella son buenos frutos.

Los verdaderos beneficiarios de un buen hogar son los niños. Nosotros disfrutamos de verlos reír y divertirse por cualquier cosa, de estar en un parque, en una reunión con sus demás familiares, sus tíos, sus primos; nos alegramos de que ellos puedan tener un techo en donde cobijarse, una cama en donde puedan dormir tranquilos toda la noche o se acuesten a ver la televisión; de que puedan vestirse bien, comer a sus horas; nos satisface que puedan demostrar sus cualidades y talentos y los motivamos a seguir un camino, que en el futuro pueda representarles una forma de vida; así como también nos complace verlos colaborar en las tareas propias de la casa. Qué bueno que podamos brindarles esa paz y esa tranquilidad, que quizás ellos no puedan captar plenamente porque les parezca algo normal, pero de esta manera se sentirán bien y nosotros estaremos cumpliendo con nuestro compromiso con Dios y con la sociedad.

 

Héctor Montero